Hace algunos años, en mi infancia, me gustaba mucho jugar con mis hermanas. Yo me daba cuenta que cuando jugaba con cada una de ellas era distinto, no solo en el juego sino también en la distancia (distancia física) que había entre las dos, existía un límite. Eso me llamaba la atención, a mi hermana mayor “B” no le gustaba que la abrazara o que jugáramos muy pegadas. A mi hermana menor “J” le gustaba un poco más. Al principio me enfadaba mucho que se alejaran, pensaba que era porque hacía algo mal, o porque no disfrutaban jugar conmigo. Después comencé a observar su relaicón con los demás. Vi que cuando jugaban entre ellas también tenían una distancia, que “B” no tocaba tanto, como lo hacía yo o “J”. Su juego era más lejano. También con mis padres actuábamos diferente las tres.
No lograba entender porqué a mis hermanas no les gustaba estar muy pegadas, dando abrazos, o teniendo contacto físico.
Después de mucho tiempo, ya estando en la universidad, volví a analizar la situación. Logre comprender que es lo que pasaba, no tenía nada que ver con el aprecio que me tenían o si les gustaba la actividad, estaba relacionado con los límites personales.

¿Qué será esto de los límites personales?, te preguntaras. Yo me hacía la misma pregunta.
Me pasaba lo que le pasa a mucha gente, sobretodo a algunos padres que traen a su hijo a consulta, pensamos que los límites son castigos, que están relacionados con controlar al otro. Pero nos falta una parte muy importante que no conocemos.

¿Para ti que son los límites? ¿Cómo los describirías?

En algunas profesiones como el Coaching los límites son las situaciones o pensamientos que nos limitan a hacer una acción. Se mencionan como límites personales, mentales y creencias limitantes. En el sector educativo y de paternidad se relacionan con la permisividad o autoridad, a algunos padres se les dice “tu hijo no tiene límites bien establecidos”, “eres muy permisiva con tu hijo” o ” tu hijo hace muchas rabietas“. Entre muchos otros más significados.

Hoy quiero compartir contigo la otra parte del límite que normalmente no se mira.
El otro día hablando con una madre mencionamos los límites y la importancia que tienen. Le comentaba que los límites no solo son castigos para el niño, sino que también le enseñan a saber hasta donde pueden llegar, no sólo físicamente, pero también emocional y psicológicamente. Enseñan valores y sobre todo respeto al otro. Ayudan a que seamos conscientes que el límite comienza donde termino yo y empieza el otro.

image1Los límites también son del espacio que necesitamos cada uno para sentirnos cómodos y en bienestar. El espacio personal que no se puede tocar pero se siente. Esa frontera que determina hasta donde llego yo. Es lo que p
asaba con mis hermanas. “B” necesita un espacio más amplio, sus límites con el otro son mayores que los míos o los de “J”. No es una frontera corporal o física. Es algo intangible.
Todos los sentimos pero a veces no somos conscientes de ello. Quebramos nuestro propio límite para agradar a los demás. Esto provoca sensaciones en nuestro cuerpo creando sentimientos que no logramos comprender o llegamos a ignorar.

¿Cómo podemos detectar cual es nuestro límite “espacial”?

1. Sentirnos cómodos con el otro. Lo primero que tiene que ocurrir es que te sientas a gusto con la otra persona. Puedes estar tranquilamente hablando y tu cuerpo esta tranquilo. Si observas que esto no ocurre muévete físicamente hasta que estés a la distancia necesaria para sentirte cómoda.

2. Observa tu cuerpo. Muchas veces no hacemos caso a las señales que nuestro cuerpo nos envía. El cuerpo es muy sabio y nos dirá cuando la situación nos molesta. Ir detectando las sensaciones que tenemos en esos momentos ayudará a que puedas darte cuenta de lo que necesitas.

3. Detecta tus necesidades. El paso anterior te ayudará a que comiences no sólo a detectar tu cuerpo, sino también las necesidades que tienes que cumplir. Recuerda una necesidad no es lo mismo que un deseo.

4. Confía en ti. No dudes en lo que sientes o haces. Muchas veces podemos sentir que es irrespetuoso para la otra persona o que lo que sentimos no es real. Esto puede ocurrir por nuestra propia exigencia de complacer al otro. Si logras los pasos anteriores es importante que este lo puedas llevar a cabo, ya que sin el todo el trabajo que has realizado no servirá.

Si nos escuchamos a nosotros mismos podremos enseñar a nuestros hijos a hacerlo por ellos mismo. Recordemos que los límites son necesarios para todos los individuos. Ayudan a que podamos ir creando nuestra propia identidad y a que podamos crear relaciones sanas con los otros.

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