Bibiana, una madre preocupada se acercó a mí esta semana porque su hija Noa, tiene muchas rabietas y necesitaba ayuda de cómo manejarlas.
Sus 2 hijos pelean con frecuencia provocando sentimientos de frustración y enfado a Noa que tiene 4 años (el pequeño tiene un año).

Una situación específica que me contó Bibiana, fue cuando Noa estaba jugando con una diadema porque estaba imaginando que esta era un sombrero mágico, su hermano al querer jugar con ella se acercó y empezó a tirar de esta. En ese momento la madre cogió la diadema y se las quitó. Noa comenzó a gritar y llorar, le decía a su madre que le había arruinado el juego y que no era justo lo que había hecho. Se encontraba muy enfadada, con los brazos cruzados, no escuchaba y no entendía que podía jugar con otros objetos.

Esta es una conducta común en su hija cuando se siente frustrada. La rabieta es su manera de expresarse cuando no obtiene lo que quiere. Bibiana no sabe como cambiar esta conducta, ha intentado de todo y no obtiene resultados.

Lo principal en esta situación es pensar que no siempre podemos solucionar todas las rabietas que tengan nuestros hijos y que lo haremos lo mejor que podemos. No hay reacciones “correctas”. Nos tenemos que centrar en dejar que expresen sus sentimientos. Que “sean” sus sentimientos. La expresión emocional de nuestros hijos (por más que parezcan irrazonables, ridículos e injustos) necesitan que nosotros los aceptemos tal y como son y mientras que duran. Nuestra aceptación es lo que les permite que se expresen de una manera sana.

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Cuando permitimos que los sentimientos “sean” dejamos ir nuestras reacciones y en cambio permanecemos anclados en aceptar los altibajos que se presenten, dejando la vida fluir.
El hacer esto no significa que seamos permisivos o que cedamos en las demandas y deseos de nuestros hijos. De hecho la aceptación requiere que hagamos lo opuesto. Ser firmes con nuestras reglas y límites da a los niños el mensaje que el estar en desacuerdo o decepcionado es totalmente aceptable.

Por ejemplo, cuando Noa expresaba que era injusto, Bibiana podía haber contestado, “crees que es injusto lo que acabo de hacer y estas enfadada”. Aquí aceptamos y comprendemos su reacción. Al hacer esto logramos crear una conexión más profunda con nuestros hijos y los animamos a procesar sus emociones, creando confianza y resiliencia.

La mayoría de las rabietas infantiles son causadas por reacciones emocionales que activa el lado derecho del cerebro. Los adultos estamos acostumbrados a resolver los problemas usando las palabras y la lógica (cerebro izquierdo), puede que en esos momentos no nos ayuden a solucionarlo. Los niños no están preparados para escuchar a los padres y entenderlos. Lo primero que tenemos que hacer, es utilizar señales no verbales, como el contacto físico cariñoso, las expresiones faciales empaticas, un tono de voz apaciguador y escucharlo sin juzgarlo. Conectar con nuestro lado derecho del cerebro.

Existen momentos que en ocasiones juzgamos a nuestros hijos por distintas situaciones. Puede ser porque no hizo lo que yo quería o hizo mal las cosas, en esa situación no debe reaccionar así, etc.
Cuando nos sucede esto y somos conscientes de haberlo hecho sin querer siempre podemos arreglarlo. Lo importante no es lo que hacemos “mal”, sino lo que podemos cambiar. Si nos damos cuenta de nuestros fallos podemos modificar nuestros comportamientos y reacciones. Es un trabajo arduo y consistente que se realiza poco a poco. No es un cambio inmediato, pero sucederá tanto en nosotros como en los niños. Ellos aumentarán la confianza en la relación, se sentirán comprendidos y entendidos, integrarán lo que sienten, acudirán cuando necesiten apoyo y ¡las rabietas se reducirán!

Algunos ejemplos de cómo aplicar esto, son:

– Cuando tu hija no puede soportar a su hermano pequeño. Permite que lo sienta. Reconócelo: “Él te está molestando en este momento”.
-Cuando tu hijo no quiere jugar con otros niños en el parque. Permite que lo sienta. Asegúrale, ” puedes estar aquí sentado conmigo todo el tiempo que quieras”.
– Cuando tu hija esta disgustada porque el sol desapareció detrás de la nube. Permite que lo sienta. “Tu querías que el sol siguiera brillando”.
-Cuando tu hijo se enfada porque quería seguir en la bañera jugando. Permite que lo sienta. Compréndelo, ” tu no querías que te sacará de la bañera”.

Si podemos ir haciendo estos pequeños cambios, no sólo estaremos mejorando la situación en casa, sino que también ayudaremos en el desarrollo del cerebro y en la inteligencia emocional de nuestros hijos. Mejoraremos la comunicación, la confianza y la escucha. Reforzaremos los límites establecidos y el cumplimiento de estos.

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